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domingo, 3 de noviembre de 2013

BUÑUELOS DE VIENTO RELLENOS DE NATA

Este es un clásico del día de todos los santos que me encanta. La receta base es la pasta choux que sirve también para hacer petit-choux. Me la traje de Praga de compartir cocina con una gallega estupenda, una cocinera fantástica, mi amiga Patricia.

Ingredientes:
- Para tres docenas (yo hice la mitad)
pasta choux (ver aquí)
250 ml de nata para montar (35,1% de grasa)
100 g de azúcar glas y un poco más para espolvorearlos

Seguimos la receta de la pasta choux y con ayuda de una cuchara ve poniendo las porciones en el aceite bien caliente ayudándonos con otra cucharilla. Se darán la vuelta solos. Cuando estén bien dorados se sacan sobre papel de cocina para que pierdan el aceite sobrante.





Ahora montamos la nata. Necesitamos que esté bien fría y además la vamos a verter en un bol que esté apoyado en otro bol con agua con hielo y sal gorda que nos ayudará a mantener la nata fría. Batimos hasta obtener una crema y entonces incorporamos la mitad del azúcar glas. Seguimos batiendo y cuando el azúcar este incorporado agregamos el resto. Batimos hasta conseguir que monte la nata. Ojo que si nos pasamos tendremos mantequilla y suero.

Llenamos una manga pastelera con la nata y haciendo un agujero rellenamos los buñuelos.



Espolvoreamos con azúcar. Los disfrutamos en el momento que es cuando mejor están.



domingo, 30 de octubre de 2011

PUCHES DE LA NOCHE DE TODOS LOS SANTOS


Ingredientes:
1/2 litro de agua
1/2 litro de leche
2 Cucharadas de anis en grano
5 Cucharadas de azúcar
6 Cucharadas de harina
Cáscara de naranja
Canela en rama
Aceite
Pan

Reedito una vieja entrada de las primeras de mi blog cuando muy pocos (o casi nadie, seamos honestos) venían hasta mi cocina. Es una receta a la que tengo un especial cariño y en estos días en que las costumbre anglosajonas se están apoderando de nosotros con Halloween, me apetecía volver a subir. Espero que os guste.

En la noche de todos los Santos, 31 de octubre, se tomaban los puches. Se reunían en las casas las familias o amigos para degustarlos. El significado de esta fiesta, más allá de la parte gastronómica y familiar tiene que ver con las creencias sobre esa fecha. Esa noche regresan a los hogares las almas de los muertos al calor del hogar familiar. Pero los buenos espíritus no vienen solos, junto a ellos llegan los malos espíritus, productores de enfermedades, catástrofes y desgracias. Por ello, esa noche antiguamente no se salía de casa, se posponían los viajes para otro día y toda la noche estaban tocando las campanas con la intención de alejar a los malos espíritus. La festividad de la noche de todos los santos ha llegado a nuestros días como una noche en la en muchas casas todavía se elaboran los puches. Entre ellas la de mi madre y la mía, pues he decidido continuar con esta tradición del pueblo llano en lugar de copiar la fiesta de Haloween a la que todavía me resisto.

Comenzamos cortando en dados el pan y en una sartén con aceite los doramos. Reservamos los picatostes.

Ponemos a cocer en un cazo el agua con los anises. En cuanto empiece a cocer apagamos el fuego y dejamos enfriar.

En una cacerola disolvemos el harina y el azúcar en frio sin que queden grumos en el medio litro de agua (para ello utilizamos la infusión de los anises colada) y el medio litro de leche. Añadimos cáscara de naranja y canela en rama y lo ponemos al fuego. Según los gustos admite más azúcar que la que yo he puesto. Con unas varillas removemos, sin dejar de hacerlo para que no se pegue, hasta conseguir una crema espesita y sin grumos.

Repartimos caliente en cuencos y servimos acompañadas de unos picatostes. Salen cuatro buenas raciones.




Se pueden comer calientes o frios, va en gustos.

Antiguamente en las navidades de los humildes también se conocía como el turrón de los pobres. Se dejaban enfriar y se cortaban en porciones. Un clásico entrañable y familiar que sabe a hogar. Muy rico.